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Autónomo o Sociedad: cuándo ser uno y cuándo ser otro

¿Autónomo o formar una sociedad? Es la pregunta que se hacen muchos emprendedores cuando van a iniciar una nueva actividad.

Cada figura jurídica tiene sus pros y sus contras. La decisión final conviene consultarla primero con un asesor.


¿Hacerse autónomo o mejor montar una sociedad? Es un dilema que acucia a muchos emprendedores cuando van a iniciar un negocio. La decisión no es fácil y conviene analizar detenidamente los pros y contras de cada forma jurídica.

En este artículo pasaremos a analizar las diferencias entre ser autónomo y constituirse como sociedad limitada, que es la forma jurídica más común en nuestro país.

¿Hacerse autónomo o constituirse como sociedad?

Autónomo o sociedad: criterios para una decisión meditada

Cuando toca elegir la forma jurídica más idónea para emprender un negocio no vale el famoso refrán atribuido al líder reformista chino Deng Xiaoping: "Qué importa el color del gato si lo importante es que cace ratones".

Pues bien, en este caso el "color del gato" sí es importante. A continuación, una lista de cinco criterios a tener en cuenta:

1) Costes (de dinero y tiempo)

En esto no hay color: darse de alta de autónomo es, digan lo que digan, mucho más fácil que constituir una sociedad.

Más fácil en tiempo, trámites y dinero.

Pero también en gestión: pues no es lo mismo lo que te va a cobrar una gestoría por llevarte el papeleo de autónomo que por llevártelo si eres una sociedad.

Además, el autónomo que empiece tiene otra ventaja y se llama tarifa plana, por la que la cuota de autónomo a pagar, si uno cotiza por la mínima, es de 60 euros mensuales.

Por último, para constituir una sociedad hay que aportar 3.000 euros de capital social inicial, algo que, como autónomo, no es obligatorio.

2) Responsabilidad frente a las deudas (patrimonio)

Ser autónomo implica también responder con tu patrimonio personal en caso de deudas, algo que no ocurre si constituyes una sociedad. ¡No todo iba a ser ventajas para los autónomos!

Ahora bien, existe la figura del Emprendedor de Responsabilidad Limitada, introducida con la Ley de Emprendedores de 2013, que sí protege al autónomo frente a determinadas deudas (aunque no al nivel de una sociedad).

3) Pago de impuestos

De entrada, un autónomo sale más perjudicado, pues debe tributar por el IRPF, por lo que, a mayor facturación, mayor tributación.

Una sociedad, sin embargo, tiene la ventaja de que el Impuesto de Sociedades tiene un tipo fijo (25%). Esto sin contar otra clase de bonificaciones que hacen que, en la práctica, acaben tributando menos (especialmente, cuando se trata de una sociedad grande).

4) Acceso a la financiación

En este aspecto una sociedad tiene ventaja, ya que en principio, lo tiene más fácil para acceder a créditos bancarios que un autónomo.

Las sociedades ofrecen a los bancos mayor confianza económica que los autónomos. Prueba de ello es que existen más productos financieros pensados para sociedades que para autónomos.

5) El tipo de actividad

¿Vas a realizar una actividad profesional e individual? Entonces, está claro: autónomo. ¿Se trata de una actividad colectiva, de mayor complejidad? Entonces, sociedad.

Esto que suena obvio debemos también aclararlo. Podríamos haberlo indicado al principio, pero es que a veces la línea no es tan clara como lo hemos formulado más arriba.

Hay autónomos que empiezan como tales no tanto por el tipo de actividad como la ambición inicial: es más fácil arrancar como autónomo que iniciar un proyecto más complejo con proyección incierta.

¿Y el tamaño? En fin, se barajan cifras y está claro que a mayor ingresos conviene decantarse más por constituir una sociedad (entre otras cosas, por el tema de impuestos).

La decisión final, no obstante, siempre debe ser consultada en primera instancia (es un consejo) con un asesor. Descubre más sobre cuándo contratar un asesor.

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